martes, septiembre 08, 2009

11:26

Faltaban solo unos minutos para media noche. Mientras caminaba apenas podía ver mas allá de su naríz, ese día la intensidad de la lluvia cegaba a cualquiera. Al pasar junto al banquillo del viejo mendigo de la plaza, creyó que lo vería vacio, como toda la burócrata ciudad. Pensó que por primera vez no tendría que tener miedo de la mirada penetrante, del olor a puerco, de juzgarle mal. Se paralizó al momento, un cuerpo flaco y desnudo se posaba en el banquillo, el hombre miraba al cielo mientras los ríos de mugre corrían cuesta abajo en la montaña de su ser, lavandolo, purificandolo. La escena le conmovió demasiado, poco a poco quedó desnudo también, el aguacero cesó.

1 comentario:

vanto y vanchi dijo...

¡Zas!

¡qué ingrata es la lluvia!

es como si quisiera decir:

¡agua va!

Besos amiga!

Libélulas tornasol

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